Casi todo el mundo piensa primero en Santorini y Mykonos. Y son bonitas, no lo negamos. Pero Grecia es mucho más que sus dos islas más fotografiadas, y a menudo la isla que mejor encaja con uno es justo la que no aparece en las portadas. Esta es la guía para elegir según lo que de verdad buscas.
Naxos es la más grande de las Cícladas y, para muchos, la más equilibrada. Tiene playas de arena dorada como Agios Prokopios y Agia Anna, montañas con pueblos detenidos en el tiempo y una capital, Chora, con un castillo veneciano y callejuelas que invitan a perderse. A la entrada del puerto se alza la Portara, una puerta de mármol monumental, lo único que se llegó a construir de un templo dedicado a Apolo.
Su gran ventaja: al puerto no llegan los grandes cruceros, así que incluso en temporada alta nunca se siente masificada.
Paros lo tiene casi todo: playas estupendas, pueblos con vida y un punto justo de animación sin el agobio de Mykonos. Naoussa, su pueblo más bonito, es un antiguo puerto pesquero lleno de tabernas y rincones encalados. Es la isla perfecta para quien quiere relajarse pero no quedarse del todo quieto.
Milos es la joya discreta de las Cícladas. Su playa de Sarakiniko es un paisaje lunar de roca blanca que cae sobre un mar turquesa, distinto a todo lo demás. Hay decenas de calas, pueblos pesqueros con casas de colores y un ritmo tranquilo. Menos masificada, más sorprendente.
Pequeñita, perteneciente a las Cícladas Menores y muy cerca de Naxos. Acantilados, calas escondidas y, según muchos, las aguas más turquesas de toda Grecia. Se puede visitar en una excursión de un día desde Naxos, aunque quien se queda a dormir no se arrepiente.
Santorini hay que verla al menos una vez. Sus pueblos blancos asomados a la caldera y sus atardeceres no tienen rival. El consejo de los viajeros que la conocen: dos noches bastan, y merece la pena alojarse con vistas a la caldera. Las playas no son su fuerte; su magia está en el paisaje volcánico y en la luz del anochecer.
El rey indiscutible es el ferry. Las islas grandes (Creta, Rodas, Santorini, Mykonos, Corfú) tienen aeropuerto y se puede volar desde España en temporada alta o vía Atenas. Para saltar de una isla a otra dentro del mismo archipiélago, el barco es la mejor opción. Las Cícladas, además, están bien conectadas entre sí.
Julio y agosto son los meses más calurosos y concurridos, con un mar perfecto para el baño. Si prefieres temperaturas más suaves y menos gente, el final de la primavera y el principio del otoño son una maravilla. En cualquier caso, el viento meltemi del verano refresca las tardes en las Cícladas.
No existe "la mejor isla griega". Existe la que mejor encaja contigo. Dinos qué buscas —calma, playa, paisaje o ambiente— y te ayudamos a montar la ruta perfecta entre islas.