El calor aprieta, sí. Pero Roma sabe defenderse del verano como lleva haciéndolo dos mil años: con sombra, con fuentes, con tardes que se estiran hasta la medianoche y con una agenda cultural que solo existe en estos meses. El truco no es evitar el verano romano. Es entenderlo.
Cada verano, el Teatro dell'Opera de Roma saca sus producciones al aire libre. Y este 2026 hay una novedad importante: como las Termas de Caracalla están en restauración, la temporada se traslada al Circo Massimo, el antiguo circo romano convertido en un escenario al aire libre de dimensiones colosales.
El festival va del 29 de junio al 31 de julio de 2026. El plato fuerte es Aida de Verdi, pensada para la escala monumental del Circo Massimo (del 12 al 28 de julio). Pero hay más: el gala de danza Roberto Bolle and Friends, el ballet Romeo y Julieta (24 y 25 de julio), "El Gladiador" en concierto con la banda sonora en directo (3 y 4 de julio) y, para cerrar, los poderosos Carmina Burana de Carl Orff el 31 de julio.
Ver ópera al anochecer, con la colina del Palatino de fondo y una copa en la mano, es una de esas experiencias que justifican un viaje entero. Conviene reservar con tiempo y llegar media hora antes.
El festival de ópera es la punta del iceberg. Durante todo el verano, Roma se llena de propuestas al aire libre bajo el paraguas de la Estate Romana. Conciertos de jazz internacional en Villa Celimontana, cine al fresco en la Isola del Cinema (la Isla Tiberina, en mitad del río), lecturas y aperturas especiales en museos y yacimientos que el resto del año permanecen cerrados.
A mediados de julio, el barrio del Trastevere celebra la Festa de' Noantri, una fiesta popular con procesión, música y fuegos artificiales sobre el Tíber. Es Roma en su versión más auténtica y de barrio.
La clave es el horario. Se madruga para las visitas exigentes y se reserva el mediodía para lo que tenga sombra o aire acondicionado. Las Termas de Caracalla, esas ruinas imperiales enormes, se recorren con menos gente que el Foro y ofrecen rincones frescos. Los Museos Vaticanos abren temprano. Y, a media tarde, cuando afloja el sol, llega el momento del paseo, de la terraza y de la grattachecca, el hielo raspado con sirope que los romanos llevan generaciones tomando junto al río.
Por la noche, Roma resucita. Las plazas se llenan, las fuentes refrescan el ambiente y la ciudad se camina con una temperatura amable. El verano romano se vive de noche.
Roma en verano no es la Roma de las postales de primavera. Es otra cosa: más teatral, más nocturna, más viva. Quien sabe moverse a su ritmo descubre la ciudad que los propios romanos disfrutan cuando cae el sol.